| Sobre Yoko Tawada
Yoko
Tawada nació en 1960, en Tokyo. A los doce años escribió
su primera novela y la distribuyó en fotocopias. En Japón
estudió letras, especialmente la literatura rusa. Desde el año
1982 vive en Hamburgo, Alemania, donde se licenció en letras alemanas.
Más adelante se doctoró con una tesis sobre Juguetes y magia
de palabras en la literatura europea. Su primer libro de poemas y prosa
fue publicado en Alemania en 1987 (Nur da wo du nicht bist da ist nichts.
Traducción del Japonés de Peter Pörtner). En Japón
se publicaron en 1991 los relatos Sanninkankei. Desde el año
1991 Yoko Tawada escribe en japonés y en alemán y tiene
hasta la fecha numerosos libros publicados en los dos países. La
escritora abarca con igual maestría géneros tan diferentes
como la poesía, el relato, el ensayo, la obra teatral y el drama
radiofónico.
Galardones: Recibió, entre muchos otros premios, en 1993 el
Akutagawa - Sho, el galardón japonés más prestigiado
de la literatura y, en Alemania, en 1996 el Premio Adalbert von Chamisso
que se otorga a distinguidos autores extranjeros que publican en alemán.
Yoko Tawada es una de las escritoras más particulares y originales
de la nueva generación que no se presta a ser absorbida por ninguna
de las modas literarias recientes, y mucho menos se le haría justicia
con la etiqueta de "literatura de los inmigrantes". Aunque
es cierto que muchas de sus observaciones o fantasías se alimentan
de la diferencia experimentada entre la cultura oriental y la occidental,
esta experiencia no delimita los contenidos de su literatura sino da pie
a una nueva realidad que es la del lenguaje. El lenguaje poético
de Yoko Tawada fluye entre lo real y lo surreal, lo exterior y lo interior,
lo racional y lo fantástico y crea mundos nuevos. En este mundo
miran, hablan o piensan, en su mayoría, mujeres. La escritora se
adentra en experiencias femeninas, tanto en las físicas como en
las intelectuales, muchas veces poniendo en cuestión nuestros valores
tradicionales.
Yoko Tawada también tiene vínculos con España donde
el grupo teatral Lasenkan estrena obras suyas. El 27 de mayo, en
la Casa Elizalde de Barcelona, se podrá ver su pieza escénica
Sancho Panza.
Transformaciones.
Conferencias sobre poética en Tübingen
Traducción de María Eugenia de la Torre
III.- La cara
del pez o el problema de la transformación
[...]
No se puede dejar a un lado el motivo de la cara si se aborda el tema
del extrañamiento. Los nativos les cubren las caras a los viajeros
con numerosas máscaras, porque si no, permanecerían invisibles.
Hay una escena en mi narración "El baño" en la
que la narradora en primera persona vuelve a Japón después
de una larga estancia en Europa. La madre la mira perpleja y pregunta:
"¿Por qué se te ha puesto una cara tan asiática?"
La narradora en primera persona responde:
"Dices tonterías, madre. Es lógico. Soy oriental."
La madre replica:
"No lo decía en ese sentido. Se te ha puesto una cara extraña;
como a los japoneses que salen en películas americanas."
Las expectativas de los observadores producen máscaras y éstas
crecen y penetran la carne de los extranjeros. Así, las miradas
de los otros se graban en la propia cara. Una cara puede obtener más
de una capa. Quizá se puede hojear una cara como un informe de
viaje.
A veces se traducen caras extrañas como se traducen conceptos extraños,
y no sólo en la mente de una persona, también por ejemplo
en una foto. Roland Barthes comenta la foto suya que apareció en
un diario japonés de la siguiente manera:
"Este conferenciante occidental experimenta una japonización
cuando el periódico Kove Shinbun le retrata; la tipografía
de Nipón le hace los ojos más estrechos, las cejas más
oscuras."
Una vez en Nueva York me dijo una fotógrafa americana que mi foto
de autora era como la de una escritora alemana. Desde entonces observo
con exactitud las fotos de los autores en los libros norteamericanos (54)
y, de hecho, he establecido diferencias con las fotos alemanas. En los
libros norteamericanos se presenta al autor como a una persona normal:
como a alguien que puede ser un vecino del lector. Por el contrario, la
cara de un autor alemán se presenta en la foto como un muro histórico
imposible de demoler porque ya no existe. Su piel se cubre con una capa
sagrada y, con ello, impenetrable. El miedo a la hipocresía obliga
a su boca a mostrar mal humor. Los ojos también brillan críticos
y narcisistas a la vez, como si el autor quisiera decir al lector: sin
embargo, no escribo para usted. En una foto de autor, la cara encarna
el concepto de autoría tal y como se produce en una cultura específica.
Así se escriben, no se retratan las caras.
[...]
Yoko
Tawada: Verwandlungen. Tübinger Poetik-Vorlesungen. Konkursbuchverlag,
Tübingen 1998 (2. Aufl. 2001), pp. 52 - 54
GESICHT
EINES FISCHES
[...]
Man kann das Thema des Gesichtes kaum umgehen, wenn man sich mit der Fremdheit
beschäftigt. Reisende bekommen von den Einheimischen deshalb so viele
Masken aufs Gesicht gedrückt, weil sie sonst unsichtbar bleiben.
Es gibt eine Szene in meiner Erzählung 'Das Bad', in der die Ich
Erzählerin nach einem langen Aufenthalt in Europa nach Japan zurückfährt.
Die Mutter blickt sie verwundert an und fragt:
"Warum hast du so ein asiatisches Gesicht bekommen?"
Die Ich Erzählerin antwortet:
"Du redest Unsinn, Mutter. Das ist doch selbstverständlich.
Ich bin eine Asiatin."
Darauf sagt die Mutter:
"So habe ich es nicht gemeint. Du hast ein fremdes Gesicht bekommen;
wie die Japaner, die in amerikanischen Filmen auftreten."
Die Erwartungen der Betrachter erzeugen Masken, und die wachsen ins Fleisch
der Fremden hinein. So werden stets die Blicke der anderen ins eigene
Gesicht eingeschrieben. Ein Gesicht kann mehrere Schichten erhalten. Vielleicht
kann man ein Gesicht wie einen Reisebericht umblättern.
Manchmal werden fremde Gesichter wie fremde Begriffe übersetzt, und
zwar nicht nur im Kopf eines Menschen, sondern zum Beispiel auch auf einem
Foto. Roland Barthes kommentiert sein Foto, das in einer japanischen Zeitung
erschien, folgendermaßen:
"Dieser westliche Vortragsredner erfährt eine Japanisierung,
wenn die Zeitung Kobe Shinbun ihn abbildet; die Typographie Nippons läßt
seine Augen schmaler, seine Augenbrauen schwärzer erscheinen."
Einmal in New York sagte eine amerikanische Fotographin zu mir, daß
mein Autorenfoto wie das einer deutschen Schriftstellerin aussehe. Seitdem
schaue ich mir die Autorenfotos in den US amerikanischen Büchern
genauer an und habe tatsächlich Unterschiede zu den deutschen Fotos
festgestellt. In US amerikanischen Büchern wird ein Autor oft als
ein normaler Mensch dargestellt: als einer, der auch ein Nachbar des Lesers
sein kann. Hingegen wird das Gesicht eines deutschen Autors im Foto wie
eine historische Mauer dargestellt, die man nicht durchbrechen kann, weil
sie nicht mehr existiert. Seine Haut wird mit einer heiligen Schicht bedeckt
und dadurch unnahbar. Die Angst vor Heuchelei zwingt seinen Mund, Mißlaune
zu zeigen. Auch die Augen glänzen kritisch und narzißtisch
zugleich, als wollte der Autor dem Leser sagen: Für Sie schreibe
ich aber nicht. Auf einem Autorenfoto verkörpert das Gesicht die
Vorstellung von Autorschaft, wie sie in einer spezifischen Kultur hervorgebracht
wird. Insofern werden Gesichter geschrieben und nicht abgebildet.
[...]
Das
Wörterbuchdorf
Morgens
um fünf Uhr. Die Glocken der Kirche schrecken den Kalender auf. Der
Wind dröhnt. Die Alaska Lachse, die Krähen und die Äpfel
werden krachend aus den Ästen der großhäuptigen Bäume
gefegt. In der weichen Erde öffnet sich ein topfförmiges Loch.
Alle Ereignisse in diesem Dorf sind keine echten Ereignisse. Denn dieses
Dorf ist aus einem Wörterbuch geboren. Deshalb sind hier auch die
sonderbarsten Dinge nicht wert, daß man darüber erstaunt. Und
Verwechslungen brauchen einem hier nicht peinlich zu sein. Die Wörter,
die aus dem Wörterbuch herausstiegen, verwandelten sich in der Reihenfolge
ihres Erscheinens in wirkliche Dinge, und so eben entstand dieses Dorf.
Und als das Dorf entstanden war, hatte man bereits vergessen, in welcher
Sprache das Wörterbuch verfaßt gewesen war. Nachdem alle Wörter
aus seinem Bauch entwichen waren, blieb von dem Wörterbuch nur eine
Art Zikadenschale übrig, die sich im Herbstregen, der am nächsten
Tag unausweichlich zu fallen anfing, wie ein Bonbon auflöste. Schon
ein Wörterbuch ohne Einband ist nun mal wie ein Himmel ohne Rahmen,
und wenn es sich gar einmal ganz aufgelöst hat, ist es aus der Geschichte
verschwunden und wird vergessen.
|